Españolの原文
Cuando, hace ya más años de los que desearía, me acerqué a unos almacenes y, con mi primera paga, compré mi primer libro de ajedrez (Ajedrez Práctico, de Raymond Edwards, Martínez Roca no me censuréis por tal compra, le estaré eternamente agradecido por haberme hecho atravesar el espejo al mundo del ajedrez), lo primero que hice fue ´falsificar´ la firma de Miguel Illescas (espero que me perdones Miguel, el objetivo era bueno) en la portadilla, para ´fardar´ de quién me había dedicado el libro ante mis compañeros de club. No recuerdo si me creyeron o me dedicaron una mirada condescendiente. Veintitantos años después, cuando abro el libro de regalo de Magnus Carlsen, como un alud de sensaciones, el cerebro o el alma me retrotrae tan vívidamente a esos grandiosos años como si no hubiera pasado el tiempo: ahí está, la firma de Miguel. Todos los círculos se cierran. Gracias por ese detalle compañeros, y por favor, si es posible transmitídselas personalmente a Miguel. Detalles como ese es el que marcan la diferencia y crean clientes enamorados.